Querido diario:
Hoy hemos tenido una fiesta de disfraces. Solemos hacerlo una vez al año y los disfraces son de un personaje. A veces los maquillajes son tan buenos que cuesta reconocer quién es el que va disfrazado hasta que habla, la voz es algo inconfundible.
Y sí, tan importante e inconfundible es, que al nacer reconocemos a nuestra madre por dos cosas: su olor y su voz. La Magdalena no reconoció a Jesús al verlo, pues pensó que era el jardinero y por eso el Señor le dijo su nombre para que le reconociera al escuchar su voz. Tantas veces el Señor se nos presenta así, velado, tras otro rostro.
Pero en algún momento oímos unas palabras que sabemos que vienen de Él. Es inconfundible. Las palabras del Señor te penetran por entero. Y si eso ocurre con su voz ¿Qué ocurrirá con su aroma?
